Nala.
QUIÉNES SOMOS · LA HISTORIA DE ANALAI
Nuestra historia
también tiene
cuatro patas.
Somos una pequeña tienda creada con mucha ilusión, donde la moda y el amor por nuestros animales se unen.
Tenemos una perrita llamada Nala que forma parte de nuestra familia. Y, como muchos otros dueños, nos hemos encontrado muchas veces con la dificultad de encontrar accesorios para mascotas que tengan buena calidad, sean bonitos y tengan un precio justo.
UNA IDEA CON MUCHO CORAZÓN
De una necesidad, nació algo bonito.
De ahí nació una parte muy especial de nuestra tienda.
Queríamos crear un espacio donde encontrar productos que realmente nos gusten, que sean prácticos y, sobre todo, que estén al alcance de todos.
Por eso Nala no es solo parte de nuestra familia; también es una pequeña inspiración detrás de este proyecto. Gracias a ella nos dimos cuenta de que había una necesidad y de que podíamos convertirla en algo bonito.
LO QUE NOS MUEVE
“Cuidar y mimar a nuestros compañeros de vida no
debería significar tener que elegir entre
calidad y precio.”
DOS MUNDOS, UNA MISMA ILUSIÓN
Moda para ti.
Detalles para ellos.
En nuestra tienda encontrarás una selección de ropa para mujer, junto con accesorios para mascotas, elegidos con cariño y pensando siempre en ofrecer productos bonitos, funcionales y a precios razonables.
01 / BONITOS
Detalles que enamoran.
Ropa y accesorios que nos gustan de verdad, seleccionados con cariño.
02 / FUNCIONALES
Para la vida de cada día.
Productos prácticos, pensados para ti y para tus compañeros de vida.
02 / FUNCIONALES
Al alcance de todos.
Porque calidad y buen precio deberían ir de la mano.
GRACIAS POR FORMAR PARTE
Esta pequeña historia
también va
contigo.
Detrás de cada producto hay una pequeña historia y mucha ilusión por construir algo nuestro, pensado para personas que, como nosotros, disfrutan de sentirse bien, cuidar los detalles y compartir la vida con sus mascotas.
Gracias por estar aquí, por confiar en nosotros y por formar parte de esta pequeña historia que empezó con una idea, mucha ilusión y nuestra pequeña Nala, que, sin saberlo, también puso su granito de arena.